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EL ESCULTOR: Juan Guraya Urrutia

Escultor nacido el 1 de Junio de 1896 en Bilbao, hijo de un reconocido ebanista, comenzó desde niño colaborando con su padre en la decoración de algunos de los mejores palacetes de la entonces creciente burguesía bilbaína y tomando sus primeros contactos con los materiales que luego predominaran en su dilatada labor artística, la madera y la piedra. En uno de estos palacetes conoció a la Sra. Lezama-Leguizamon quien, a la vista de las aptitudes que mostraba Juan desde niño, se decidió, tras la consulta a su padre, enviarlo al colegio de Salesianos de Baracaldo para que continuara su incipiente educación y perfilará su clara inclinación por el arte.

Varios años más tarde y a petición de los padres Salesianos, es trasladado a otro colegio que la misma orden poseía en Sarriá donde el joven Guraya se dedicara de lleno al aprendizaje de su faceta artística y tomara contacto posiblemente con algunos de los mas conocidos escultores de ese momento en Cataluña, Eusebio Arnau, José Clara o Carlos Maní, teniéndose constancia de su relación con Miguel Blay.

Realizando el servicio militar, se traslada a Madrid en busca de nuevas corrientes, en este momento toma contacto con Mateo Inurria, Collaut Valera colaborando con ambos, pero su estancia en la capital no debió colmar sus ansias y rápidamente emprende, tras un fugaz paso por Bilbao, un viaje a París, por aquel momento centro de las renovaciones y vanguardias artísticas y donde va a conocer al escultor Droucker, quien le introduciriá en su nueva aventura transatlántica, Cuba. Con treinta y tres años Guraya decide cruzar el océano y una vez en Cuba no faltan los trabajos, varios monumentos públicos, y demás obras.

Pocos años después decide abandonar su residencia en Cataluña para regresar a Bilbao, perdiendo en este modo la pensión de su mecenas y optando desde ese momento por iniciar una nueva etapa al lado de escultores como Quintín de la Torre, Moisés Huerta o el mas cercano a él Higinio Basterra, todos ellos muy relacionados entorno a la escuela de Artes y Oficios de Achuri. Constantes colaboraciones con todos ellos marcan la labor de estos primeros años del siglo como las realizadas en el Monumento a los niños del ensanche junto a Higinio Basterra, al igual que las cuadrigas del banco de Bilbao de Madrid, o el Monumento a la Reina Mª Cristina en San Sebastián junto a León Barrenechea.

Regresó a Bilbao y con el reconocimiento de algunos de sus maestros para la realización de su más monumental obra: "La Sagrada Cena", encargo realizado por la Cofradía de la Sagrada Cena de Valladolid, montó un taller provisional en la segunda planta de la escuela de Artes y Oficios, dado la envergadura de la obra y el gran volumen de cada una de las figuras que componen el conjunto.

Para esta obra que ocupó una parte importante de su vida, hubo de trasladarse a la zona del norte de África para captar tipos y rostros de los que más tarde serían los discípulos del monumental conjunto. 16 años empleó el escultor en realizar este paso para Valladolid, desde 1942 en que ganó el concurso convocado a tal efecto, hasta 1958 en que con gran expectación procesionó por primera vez en la Semana Santa declarada de Interés Internacional.

 

Algunas obras

LA SAGRADA CENA Valladolid, Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol.

JESÚS DE LA ESPERANZA Valladolid, Iglesia Parroquial de San Pero Apóstol.

LA SANTÍSIMA TRINIDAD Madrid, Catedral de la Almudena.

SAN JOSÉ Y EL NIÑO Santurce, O. H. San Juan de Dios.

SAN FRANCISCO YACENTE Elorrio.

BUSTO DE SAN FRANCISCO Bilbao, Padres Franciscanos.

CRISTO DE LA AGONIA Bilbao, Padres Franciscanos.

SAN LUIS BELTRÁN Bilbao, Parroquia San Luis Beltran

Archivo de la Cofradía P. y S. de la Sagrada Cena